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jueves, 13 de septiembre de 2018

CARTAS A ROMA XIV.- AMOR ETERNO


Mi apreciada Savia:

Bien sabes que soy hombre de pocas palabras y menos gestos
Te diría que fui, soy y seré un soldado.
Me contestarías que un guerrero no tiene miedo a la lucha
Puede que tuvieras razón
Puede que tema más a la vida que a la muerte



 ¿Sentirse vivo?
¿Qué es eso?
¿La adrenalina que siento al entrar en combate?
¿Esa energía que me hace sentir inmortal cada vez que blando mi espada?
¿El olor de la sangre en el campo de batalla?
¿Ese letargo donde mis sentimientos duermen y aspiro a no sentir?
Conozco tan bien vuestras respuestas...

Ylena me diría que estar vivo es sentir y dejaría ahí uno de sus eternos silencios, los que acompañan a sus frases cruciales. Esa densidad que parece flotar en el aire esperando a que las respires. Y cuando al fin, la inhalas, sientes. 
Dolorosamente.
¿Puede que por eso la evitara?
Ha sido la tentación más grande 
Nunca me sentí tan atraído...

Tú dirías que la vida consiste en comer, dormir y hacer el amor. 
Placeres y evitar conflictos. 
Buscar tranquilidad.
 En ti, siempre me pesó la incongruencia. 
Creo que no aceptas tu Naturaleza, mi amada hermana. 
No podemos negar esa parte de nosotros que nos inclina hacia la guerra. 
Nacimos así. 
Entiendo que, tras tus experiencias, desees compartir tus días con mi amigo Plubio. 
Alguna vez recibo alguna carta suya. 
No se extiende demasiado. 
Me cuenta que además de ayudarle con la medicina y documentar sus estudios, aprendes lucha y que eres una aventajada alumna. Me alegro que tus días sean serenos. Espero y deseo que pronto podrías cumplir vuestro deseo de estableceros cerca de Ylena. Vuestra compañía os hacía aun mejores a los dos. Siempre os complementasteis de una forma natural, aunque extraña para mi, lo confieso.
No llegué a entender vuestra complicidad no habiendo amor entre vosotras. Sentí envidia de vuestra relación, de ser ese vértice del triángulo al que no parecíais llegar ninguna de las dos.

No os culpo.
Fui y soy un hombre ausente
No creo que me sirva de escusa, para haber perdido tantas cosas como he perdido
He estado tan centrado en no perder vidas, que he perdido la mía
No es una lamentación. 
Constato un hecho con mi pragmatismo habitual.



En mi defensa, si que puedo argumentar, que para ser tan buen estratega nunca tuve un plan establecido.
Me hice responsable de mis hombre, no me hicieron, y aquí notarás la influencia que Ylena ha marcado en mí.
Ella lo ha marcado todo.
Soy quien ella amó, supongo. 
Me he convertido en quien no podría amar.
Lo sé, vuelvo a caer en el victimismo.
Suena a lamento.
Más así me siento. Responsable hasta el infinito, responsable cansadamente, eternamente condenado.
Soy responsable, no sólo del destino de mis hombres sino del destino de las tres mujeres a las que he amado y defraudado
Se que os he causado dolor a todas y no tengo modo de ponerle fin
En su ultima carta Ylena me decía que no pensaba, que no podía, después me habló de la sequía de su pueblo. Ambos sabemos que responde a la sequía de su corazón. Es una mujer sagrada.
Sus misivas se instalaron como maldiciones en mi cabeza.
Su  voz me susurra, llega con esa cadencia con las que dejaba caer las palabras, suave como una brisa pero siempre firme. !Tan seria!

No creo que sea consciente de lo que es amar a alguien tan perfecto, tan grande. 
No es consciente porqué se ve a si misma pequeña, diminuta para la grandeza de lo que ve fuera de nosotros. Esos humanos que caminamos mirándonos el ombligo..
Habrás de estar de acuerdo conmigo, en que el miedo a defraudarla es una gran losa. Pese a que jamás nos hayas juzgado. Su dualidad, ya sabes.



Que pocas veces la escuche reir y cuanto adoré esa risa
Muero de pensar que habrá alguien a estas alturas que la haga sonreir
Que le provoque ese brillo en los ojos que yo nunca le di
Sólo brillaron por lágrimas
Lágrimas por mi
Y pese a las heridas que he causado, ésta me tortura
No puedo explicarte porqué la temí tanto. 
No fue su naturaleza del todo inusual.
Esa conexión, que no podemos negar ni lo más incrédulos, entre este mundo y el otro.
Creí que necesitaría un hombre mucho mas espiritual que yo para compartir su mundo.
 Me espantaba esa concentración de energías que conviven en su grácil cuerpo tanto como me atraían.
Tiemblo de deseo ahora más que antes.
Yo, el romano, que tantas mujeres podría tener nunca tuve valor de estar con la mujer que amé y que amo.
Me prometió amor eterno pero me juró que se iría con quien le diera el amor que deseaba recibir.
Tuve la sensación de que ya sabía lo que iba a ocurrir, que me esperaba por pura obstinación, por ese instinto que le hace negarse a aceptar el destino. Su hermosa rebelión. Su afán de cambiar lo que la rodea ,de mejorarlo.

Mi matrimonio con Helena me marcó mucho.
Nunca estuve y dejé que se marchitara lo que teníamos.
No entendí que en nuestra unión nunca hubo un amor fuerte, sólido, sino más bien un pacto entre amigos de infancia que deciden seguir lo esperado.
No esperé que me dejara y menos aún, que me dejara por carta y con tantos reproches.
Decidí evitar otro compromisos.

Ahora he tardado un año en aparecer.
Te preguntarás porqué te escribo de nuevo y porqué a ti.
Creo que es justo que sepas que hubo momentos en que me planteé también pedirte que vinieras conmigo.
En cierto modo también te amé a ti. Tus cartas, tus enfados, tus reproches, tu fidelidad y tu coraje, hicieron que el amor y la admiración caminaran juntos. 
Pienso que te defraudé doblemente. 
Lo hice al no pedirte estar juntos, cosa que evidentemente hubiera dependido de ti, no parto de la insensatez de creer que me hubieras aceptado ni siquiera de que me amaras.
Y volví a defraudarte de nuevo, cuando me negué a tener relación con Ylena.
Hace un mes tuve un sueño.
Pude verla, olerla, escucharla. Reía mientras recogía sus plantas y a su lado caminaba un hombre que no conocía. Su cabello rubio y su piel blanca, me hicieron pensar en algún nórdico. Él le sujetaba el canasto y la besaba cada vez que ella soltaba un ramillete.
Fueron muchos ramilletes y muchos besos...
Hasta en mi sueño luchaba por despertar. No quería ver estas escenas. 
Así fue como supe que ya había pasado.
La había perdido definitivamente.
Había encontrado al hombre que esperaba.
Ahora  me siento liberado. 
Triste pero libre.
Y por ello decidí escribirte de nuevo.
Quiero pedirte que le digas que lo se y que quiero que sea inmensamente feliz.
Que lo acepto.
Y que lo lamento....
Quizás así, consiga algo de paz por fin en esta vida de lucha.
Sea querida Savia
Sea que las tres mujeres que amé, encontrasteis hombres que supieran estar al lado de tan grandes féminas.
Sea que ellos disfruten de lo que yo no osé conquistar.
Sed felices ambas
Vuestro humilde servidor.
Vuestro romano, por siempre.


No busques en otro lo que falta en ti

martes, 8 de mayo de 2018

CARTAS A ROMA XIII.- SEQUÍA. ORACIÓN A LOS DIOSES


Sequía
Meses sin lluvia
Hambre, decepción, desesperación, enfermedades, muertes




Ylena, la espartana, ya no es tan amada. 
Es tan difícil ser buena y tan fácil ser mala. 
Su pueblo dice que desde que el romano no viene al poblado, la mujer se ha ido apagando y con ella sus poderes

Pocos conservan la fe
El desconsuelo se extiende más rápido si la tierra es yerma y no tienes nada en la boca más que palabras furiosas.

La gente comienza a marchar
Las casas quedan abandonadas

Sólo Hasira espera, la observa y llora a escondidas



Por ella, muestra sus dientes mellados y curva sus labios con esfuerzo, pero el dolor le aprieta el corazón. Ver como todos por los que su niña espartana se sacrificó le giran la espalda, es tan triste

"No merecen que se siga esforzando". Malditos. Malditos corazones podridos".- piensa con rabia.

"Y si Ylena hablara.... ¿Que pensará? Está tan sola"

Presiente que su unión con los elementos hace que también se seque. 
!Si esa mujer se hubiera quedado con una pequeña parte de cuanto dio; cuanto tendría!
Pero cuanto hubo no fue para ella misma, la necesitaban



 Hasira vuelve a llorar, porqué es consciente de que también la anciana demandó, exigió, urgió,  presionó y entre todos los demandantes, la destruyeron, la apagaron... 
Ahora el sol ha recuperado su poder absoluta y les azota sin descanso.
Hasta en las noches parece negarse a esconderse.
Sin la fuerza de la dama mágica, el mundo gira sin sentido 
La Naturaleza gime desorientada.

 Quiere creer que su sonrisa es de verdad. 
No quiere ver lágrimas en los ojos de la espartana
Si las viera, ¿que sentido tendría la vida y la muerte?


Mientras Ylena camina descalza bajo el sol abrasador hasta llegar al roble quemado, el primero en arder tras la última batalla.
Fuego y sangre
Más batallas
Más acero
Más huesos tirados en el suelo
Alimento para los buitres


La espartana mira el árbol que antaño recibió sus plegarías y sabe como intentó dejar que el fuego se consumiera en él y no se extendiera

Suspira. 

No pidió sentir estas cosas que otros no aprecian.
 No escogió. 

Se sienta en el suelo tiznado y contempla las figuras de los esqueletos del bosque

Sólo entonces habla con los Dioses. 

Sólo entonces sabe que la escucharán





 Este es mi desierto
Aquí vivo
En este páramo donde me dejasteis
Olvidasteis decirme quien soy
Y decidí ser todas ellas
Todo ello

No hay lugar para la lástima
No hay tiempo para lamentaciones
No hay escusas para el dolor
No hay más que hacer y hacer

Es un lujo dormir demasiado
Es un pecado desear lo que no te falta
Es banal querer estar más hermosa
Es de ilusos esperar recompensas

Seguir y seguir
Tener lo que decidáis darme 
Acatar que lo quitéis cuando queráis
Sois caprichosos y egoístas  

No es consentimiento, 
no os lo consiento
No es rabia,
me enseñasteis a amar sobre todas las cosas
No es tristeza, 
recordad que deseáis que esté siempre alegre

Pero no estáis...
Nos abandonasteis
Me abandonasteis a mi suerte
Y ya sabeis...
tengo poco de todo
Naturalmente no es una queja,
tengo cuanto necesito

¿Iréis a castigarme ahora?

Otra penitente culpable
Quizás somos demasiados los devotos descontentos,
pero puede que os equivocarais y nos hicierais así,
seres desajustados, incompletos, inadaptados

No se, después de todos, los Dioses sois vosotros
Pero como tengo este don de hablaros,
 os niego el gusto de escucharos

Apago la luz y cierro mi corazón
Mucho habrá de llover para que lo abra de nuevo
Mucho habré de mojarme

Más no os precocupeis amos de los mundos,
seguiré 

Y seguiré sola
Sea vuestra voluntad
Compañeros ausentes de mi desidia



Recordad humanos que la vida no espera
Ya lo dije mucho antes




jueves, 16 de junio de 2016

CARTAS A ROMA IX.- EL MISTERIO



Querido amor:



Nuestra adorada Savia sigue en este mundo.

Sé que es lo que más te preocupa.

Te conozco lo suficiente, como para saber cuánto estarás sufriendo.

La angustia ante el temor de perderla.

Y una vez más, no estoy.

Sigo ausente..



En cuanto recibí tu carta abandoné mis tareas y me vine galopando a la Hacienda.

Confío en mi gente como para saber que estaría bien cuidada.

Pero no podía soportar la idea de que la salvé de la muerte para entregársela a unas fiebres desconocidos.



Cuando la veo tan apagada, tan consumida y falta de energía no puedo entenderlo 

Me causa desazón y dolor.



Me conoces

No soporto la impotencia.

Estar inactivo

Cruzarme de brazos a admirar amaneceres.

Orar a esos dioses a los que veneráis, unos u otros, de unas formas u otras.

¿Dónde están los Dioses cuando los hombres sufren?





He oído a sirios, galos, tracios, romanos, griegos, cristianos, fenicios...

Cada uno asegura que su Dios, o Dioses, es único y verdadero.



! Que cansado estoy amor!

Como desearía perderme en tu tranquila sonrisa, escuchar tus palabras de consuelo, sentir tus labios.



Marcho de nuevo a Roma.

Me encomiendan otra misión.

Otro lugar por defender.

Defender este imperio y mantener seguras a las gentes que como tú, queréis vivir en paz, no es tarea fácil.

Necesitamos sacrificio, y si, sangre.

Mucha sangre.

Demasiada sangre.



¿Un soldado nace o se hace?

¿Recuerdas?

Uno de nuestro numerosos debates.



Interminables horas llenas de palabras, risas, enojos, muecas, donde acabábamos cada uno más apegado a sus convicciones matizadas por el fluir del pensamiento del otro.




No soy el mismo, desde que te hallé y me hablaste de dualidad.

No creo que seas la misma, desde que me hallaste y te hablé de realidad

De supervivencia.

Tú misma tuviste que reconocer alguna vez que el hombre escoge su destino.

Por maldito que sea.

Tus espíritus no guían.

Y mis muertos…

Ahí están.

Bajo tierra, quemados o devorados por las alimañas.

No me habitan.

No me despiertan por las noches.



Puedo irte decir:

-Afortunado tú que puedes escoger no pensar.



Olvidas espartana que yo no escojo.

Me niego.

No quiero.



No te preguntes porqué lo hago.

Así soy.

Amas al hombre equivocado.

Nunca me permitiré hacerte una promesa ni dormir en tu lecho, pues, por mucho que digas, te fallaría de nuevo.

Pasaría ante ti por mi gloria y la del Imperio

Dejaría atrás una buena Mujer.

La Mujer a la que amo

Y te destrozaría aún más con ello.





Eres libre, Ylena, mi amada.



Dejo en buenas manos a nuestra amiga.

En cuanto abrió los ojos, empezó a quejarse de que aún tenga esclavos.



Le hubiera explicado que todos mis esclavos son libres de irse cuando quieran.

De hecho, muchos han marchado.

Los que quieren quedarse, conservan una apariencia de esclavitud para mantener apariencias, pero viven como hombres y mujeres libres.

Deciden su destino.



Su lengua afilada hiere pero es imposible no quererla.

No admirarla.

Cuídala. 

Es joven y valiente.

Tiene el brío y la resistencia de miles de mujeres.

Juntas formáis un Todo.

Tú la sabiduría, la feminidad, el equilibrio.

Ella la pasión, la tormenta, la supervivencia.





Soy un hombre con un corazón muy dividido.

Sólo tú sabes que soy un pobre hombre empeñado en seguir mi propia guerra.

Cuéntale.

No por buscar su perdón o entendimiento.

No me dará ninguna de las dos cosas.

Sino porqué es justo que lo sepa.

Y si de algo entiendo es de justicia

No divina, precisamente.

La justicia injusta de los necios que andamos deambulando este loco mundo.

Los pocos que aún nos empeñamos en creer en el honor y la gloria.







No puedo extrañarte

No tengo derecho

Así que sólo digo…

Te recuerdo




jueves, 26 de mayo de 2016

CARTAS A ROMA VII.- PALOMAS


Querido romano:

No voy a pedirte perdón.
He conseguido calmarme, aceptar, asumir.
Pero no perdonarte ni perdonarme.

Puede que exagere.
No es a mí a quien ignoras, a quien tienes esperando tu regreso, a quien prometiste sin promesas.

Tampoco voy a negar el placer vengativo que siento al escribirte hoy.
No pretendo ser mejor de lo que soy.



Los Dioses me libren de los Misericordiosos como tú.
Los Dioses me alíen a la Fuerza de los espíritus de la Tierra y la Vida,  a los que venera mi amiga espartana, Ylena. 
Dueña y señora de muchos corazones que se le ofrecen a diario.

Como te dije, ya no soy su esclava, sino su compañera voluntaria de camino.
Me gusta como camina, me gusta su destino, me gusta nuestra senda.


Corrió la noticia de que no viniste.
Hay poco de que hablar aquí salvo de guerras.
Unos cuanto preferimos hablar de amor.
!Así nos va!
¿No crees?

Varios pretendientes han acudido.
Es curioso como tu ausencia atrae a chacales con muchos disfraces.
Podría hablarte de ellos, de como la sacerdotisa ignora a algunos, favorece a otros y saca partido de su condición femenina y su encanto, para mejorar nuestra aldea.

Nunca ofrece su cuerpo.
No calientes tu sucia mente.
No lo necesita.
Su sola compañía es requerida en tu vasto Imperio.

!Que ilusos los hombres y vuestro poder!
!Que vanas mujeres que desean contar que fueron bendecidas por la Gran Mujer!

La anciana Havira y yo nos hemos unido para intentar que te olvide.
Seleccionamos con cuidado a cualquier cortejador que aparece.
Reímos con sus pavoneos y despliegue de virilidad.
Ambas hemos dormido con muchos hombres y sabemos de egos.
Ambas creemos que no hay mayor premio para un hombre que exaltarlo.
Hacerles creer que son dioses.
Ninguno se resiste a eso.

Sólo debes buscar qué es lo que necesita oír y halagarlo.
Lo tendrás en tu mano más fácilmente que con buen sexo.
Aunque ser buena amante también ayuda, por supuesto.

Por ello, también me complace compartir mis conocimientos con la espartana.
Me escucha con la misma concentrada atención con la que se dedica a sus estudios.
Puedo ofrecerle más sabiduría en este tema, del que juntaría en varias vidas.

El conocimiento es poder, especialmente en esta truculenta época que nos ha tocado vivir, donde la supervivencia es un lujo.

Y en estas lecciones, y otras que la misma vida nos da, apareció el Hombre Montaña.



Un gladiador retirado que se dedica a viajar y buscar salvación para su alma.

¿Te pesan a ti tus muertos?
No paro de preguntármelo.

Nos pareció muy buen partido y no paramos de influir en el criterio de Ylena hasta que accedió verle.
Con su inocencia decía que no era para tanto. Que no le gustaban los músculos.

Le sorprendió gratamente.
Un gladiador necesita tener un buen cerebro además de un cuerpo entrenado.
Es parte de su trabajo. 
Un gladiador es un luchador hasta su muerte.
En eso no os diferencíais demasiado.

Le dijimos que no deseábamos que lo tomara por esposo, pero que sería alguien muy indicado para poner en práctica mis enseñanzas y las de la vieja, que no para de sonreír desde que recuerda su alocada juventud.

Te estarás preguntando si ella cedió los galanteos del Hombre Montaña y a nuestras cariñosos apremios, pero ya te dije, que no te he perdonado.



Quédate sufriendo, pues Litio me dijo que lo hacías.
Que te torturaba que dejara de esperarte.
Sufre pensando que otro mejor que tú tome lo que despreciaste.
Que los celos te consuman.
Pues hoy no pienso contarte nada más.
Quizás nunca lo haga.
Después de todo, yo sólo prometí escribirte sobre ella.
¿recuerdas?

Lo hago.
Sigo escribiéndote.
Yo si que cumplo mis promesas.
Cuida mis palomas y tus modales romano
Y contente
No hay mucho honor en ser un hombre ausente



Vivamos hoy
Quien sabe si mañana estaremos vivos


lunes, 9 de mayo de 2016

CARTAS A ROMA IV.- PEQUEÑAS COSAS


Querido romano:
La espartana sufrió un accidente, pero no temas, está bien.
Siempre lo está.


El pasado día salimos al atardecer.
 Paseábamos riendo, jugando, relatando confidencias...
Sentimos el ruido de un jinete a caballo. 
Al momento siguiente el animal y su montura estaban en el suelo, sobre la pierna de la bien amada.
Montaba un muchacho de apenas diez años. 
Se incorporaron
Ella tenía los ojos cerrados.
Permanecimos en silencio.
Con ese pánico que a veces nos da la vida cuando parece que va a arrebatarnos algo.
Odio esos tres puntos de suspense.

Luego se levantó y miró al crío, seguía quieto. 
Supongo que indeciso entre huir o esperar los latigazos que recibiría con la dignidad de un pequeño hombre.
La había reconocido y temía que su castigo sería mayor. 
Era la gran sacerdotisa.


Ella se dirigió a él.
Le levantó la barbilla. 
Escudriñó su rostro tan colorado como la sangre.
-¿Te has hecho daño?
Él niño negó con la cabeza.

Havira empezó a regañarlo con fiereza, como si las palabras de su ama le dieran permiso. 
Gritaba tan fuerte que la gente empezó a acercarse.
Ella la silenció con una mirada severa. 
El niño huyó hacia los brazos de un hombre que se acercaba presuroso. 
El lo acogió y miró asustado hacia delante.

Entonces la espartana llamó a la montura con un corto silbido.
El caballo vino manso, sumiso, tranquilo. 
Montó de un salto dejando su pierna herida recostada en el lomo del animal, en una postura que parecía indicar que estaba rota.
Cuando llegó a la altura del guerrero y su hijo. Le tendió los brazos al padre y le pidió que montara al niño
El hombre se tensó tanto que parecían que sus músculos fueran a estallar.
Esa mujer tiene fama de imprevisible.
A pesar de su bondad, despierta grandes temores entre los humanos.

El niño contenía las lágrimas haciendo un esfuerzo titánico. 
Su pecho subía y bajaba como si sollozara por dentro. 
Entonces ella lo embrujó con una de sus sonrisas y él mismo subió, desprendiéndose de los brazos que tan fuertemente lo sujetaban.

Sólo entonces la espartana habló.
-Nunca haría daño a un niño. Fue un accidente. Sólo quiero dar un paseo con él para que me prometa que volverá a subir a caballo, que no tendrá miedo y que nunca dejará de llorar cuando sienta ganas de hacerlo. El agua debe fluir, no enseñes a tu estirpe a retenerla.

Dio un giro a la brida y marcharon galopando. 
La gente se dispersó volviendo a sus tareas.

-Las grandes hazañas son pequeñas cosas-. Me dijo Havira tirando de mi brazo para que la siguiera.
-¿Cuando volverá?.- Pregunté a la anciana que la había criado. Al hablar más calmada pude apreciar la belleza de se rostro maltratado por los años y el sol.
-Cuando quiera, pero volverá. No temas. Cojeará unos cuantos días, pero nadie recordará este día, más que ese muchacho


Se equivocaba. Yo recordaré este día...
 y ahora tú también.

Detrás de tu reino
Hay otros mundos
Te equivocas conquistándolos





jueves, 18 de febrero de 2016

INTRODUCCIÓN CALMA Y TEMPESTAD



La poesía es más que una forma de escribir, es mi forma de ver la vida, de sentirla y de contarla.
El mundo está lleno de versos, de contrastes, de dualidad.


Las montañas hablan, los lagos duermen, el cielo tiene puertas, las voces tienen colores, los mares de detienen, la tierra se levanta, los hombres aullamos mientras las hienas lloran.

Mis pensamientos se forman con palabras delirantes a veces.
Mis diálogos son inconexos sino acudo a los adjetivos.


Dedico mis días a describir cada trozo de mi alma, cada cosa que mis ojos ven, cada partícula de amor que respiro.

Y todo se intensifica, se engrandece para volverse humilde, pequeño, simple.

Con suerte música, belleza, armonía
Con menos suerte lamentos dolorosos que se niegan a caer al vacío, al olvido.

Soy y estoy.

Fui y estuve.

Seré…

Ésta es la introducción con la que os presento mi nuevo libro Calma Y Tempestad 

En esta ocasión mi agradecimiento a mis ilustradores
Adrián González creador de la portada de "Calma Y Tempestad" y "Las Heridas del Silencio"

 
Su mail, por si quereís poneros en contacto con él es:
ampi3468@hotmail.com


Y Lourdes Baez creadora de la portada de "Nina", la contraportada y dibujos interiores de "Calma Y Tempestad"
Su mail es:
niltiba@gmail.com


miércoles, 28 de octubre de 2015

EL MAGO DEL AGUA


La mujer mira su vestido.
 Naranjas, marrones, negros
Extiende su mirada por el suelo, sintiendo, escuchando
Sujeta las puntas de su falda y la sube para mirar sus pies descalzos
Sus ojos vuelven al campo

Camina entre los olivos recreándose en la belleza de sus nudosos troncos
Para en éste y toca el tronco dibujándolo con las manos, para en el otro y deja que las hojas le acaricien la cara.
Mira el sol entre sus ramas



Sus pies siguen notando el suelo duro, la tierra que cruje, los guijarros de barro áridos


La Tierra quiere agua, llora por ella
Lleva meses sin llover

El dolor se instala en su pecho

No podría decir a nadie como siente la sed, como se seca su garganta, como respira la aridez
Son cosas secretas que sólo ella puede percibir

Pero hoy...

Hoy va a conocer al Mago del Agua

Ha viajado desde muy lejos  para buscar respuestas, para comprender, para que alguien le explique de donde viene, ¿quien es? ¿porqué siente esas cosas? ¿Porqué no puede ser como los demás? ¿Porqué no le gusta la gente?



Siente el ruido del motor del coche y sube la cuesta de la ladera con lentitud
Oye como suenan los cascabeles de sus pulseras 
Huele el aire

Todo debería detenerse ahora, pero no sucede
La vida sigue su movimiento


Observa al hombre que baja del coche junto a su amigo Nino
Se queda azorada mirándolo con fijeza

No hay nada especial en él
Ha imaginado muchas veces al zahorí, como vestiría, que saldría de él, que lo hacía tan especial
Su persona no podría ser más corriente.
Nunca se hubiera fijado en él si hubiera pasado por su lado
Sus ropas no le diferencian, su rostro tiene un aire enjuto, triste, anodino

Imaginó sus ojos verdes o azules, pero son pequeños y negros. Sin vida, opacos
Comienza a hablar ignorándola sin delicadeza

Se dirigen al pozo de 80 metros que han cavado en medio de aquel desierto de olivos
Los olivos son árboles sabios, acostumbrados a sufrir, fuertes

Ella se queda donde está escuchándolos
Hablan de dinero, de diámetros, de cosechas
Por lo que la mujer sabe del Mago del agua, recorre Italia de punta a punta. le conocen por el boca a boca. Se aloja de un pueblo a otro. Recibe la voluntad por indicar donde hay agua, y sólo puedes confiar en su reputación. Dicen que casi nunca se ha equivocado. Los más creyentes, dicen que su palabra es ley, es segura.

Confiar en ese zahorí supone para el dueño de las tierras una inversión gigante. Cada metro cavado son cien euros y hay que cavar un mínimos de treinta.
Arriesgado creer, arriesgada la ilusión.

Ella cree. Siente que debe creer. Necesita creer.

Él tuvo razón. El agua estaba donde dijo. 
Señaló donde cavar con una vara de uno de los árboles. 
Si ella quisiera podría saber cual de fue el escogido, las heridas de la vida, sangran la savia.
Lo sentiría, lo siente

El hombre choca la mano de Nino. Marcha para siempre y ni la ha mirado. 
¿La ha visto o es cómo todos esos extraños que no ven? 
¿Sólo ve agua en las profundidades del suelo?

Se acerca impulsiva pero pausada, como si temiera asustarlo
Pasar por la vida de los demás de puntillas deja sus secuelas

El hombre ahora si la mira
Fija sus pupilas en las suyas y ella le sostiene la mirada con firmeza, con esa valentía de las mujeres que fueron víctimas y aprendieron a ser héroes, feroces.

Inclina la cabeza al estar frente a él y sólo entonces siente el respeto, sólo entonces comprende que él la vio todo el tiempo, era ella quien no le veía
Con la cabeza agachada pone su mano en su corazón. Siente el latido del Mundo dentro de su delgado cuerpo eterno.

Él la sujeta por la barbilla y levanta su cabeza con
 dulzura

-Quiero ser Tierra -se oye a si misma decir
-Sé Agua -dice él



La suelta y monta en el coche. Se va
La mujer permanece en el mismo sitio. Con la mirada perdida
Y siente el río, el que corre al lado de su casa, tan lejos, a tantos kilómetros de allí.

Aquella agua oscura, triste, herida por la contaminación
Recuerda el pasado. cuando fue transparente, diáfana, cuando veía sus pies cuando se bañaba y se sentía tan abrazada, tan protegida

Y llora, llora, llora



Sus lágrimas caen sobre la Tierra seca que respira de nuevo con alivio.

"Tanto dolor" -piensa
-Tanto dolor -dice una y otra vez entre sollozos
-Tanto dolor -grita en la soledad de las montañas

y el cielo se cubre de nubes hasta taparse 

Y llora, llora, llora 

Con ella
por ella
para ella

Para la mujer agua que quería ser tierra
No sabe cuanto tiempo pasa. 
Pierde la noción de todo. 
Camina entre los olivos dejando que el agua la moje, la envuelva, la acune, la sane

Nino ha vuelto. No dice nada al encontrarla mojada y embarrada
La coge de la mano y la lleva al interior.
La deja llorar 

Un hombre de campo entiende el lenguaje del alma
Muchas horas de soledad contemplando como la vida crece a su propio ritmo y desparece en un momento

Ella lleva su chaqueta y lo mira

El Agua se detiene
La del cielo, la de sus ojos

Quisiera amar a ese hombre que no pregunta
Quisiera entregarle su corazón tan seco como la Tierra
Quisiera no regar nunca más un campo con sus lágrimas
Quisiera que la sequía no llegara nunca en un planeta lleno de Agua

Pero sólo es agua, no puede ser Tierra

Ya no llueve
Pero mañana la sed renacerá
la Tierra siempre tiene hambre
Se seca tan rápido...

Ella seguirá fluyendo
Intentando algún día  dejar de desear ser quien no es

Intentando encontrar a su hombre, su compañero
Quien sepa amarla por lo que es
A quien amar y ser amada
Alguien que no necesite agua
Alguien que sólo quiera mojarse con ella bajo la lluvia
Más que nada en el Mundo



lunes, 8 de junio de 2015

LAS HERIDAS DEL SILENCIO


Y mientras mi pequeña Nina sigue creciendo dentro y fuera de mí, os presento a mi segundo hijo literario, Las Heridas del Silencio.


Parido desde el límite, la línea de la dualidad que tanto ha marcado mi vida y me ha ayudado a definirme, sin límites



En este libro os cuento historias. Los personajes no dejan de bailar entre el dolor de la realidad y los sueños que aún conservan

Hablan, salen del silencio, llegan a vosotros y os dolerán
Os recordarán ayer o mañana, o algo que sentiste.
Alguien que conocisteís

Porqué el dolor también es parte de la vida
Los que callan necesitan tener voz y yo no se muchas cosas, pero se escuchar el silencio, lo que no se dice

Una vez más, os invito no sólo a leer sino a pensar, a reflexionar y a cuidar a los que tenemos cerca.
A mirar a nuestro alrededor y no dejar que alguien sufra si podemos evitarlo.
A veces, es tan fácil tender una mano abierta y no un puño cerrado.

El título es de mi padre, Francisco Muñóz, aunque reservo la anécdota para la presentación, el próximo 14 de Julio a las 19:30 en mi pueblo, Cornellà, en el Castell.
La portada es una creación de mi hijo Adrian González Muñoz, un joven artista


Y el prólogo de mi querida amiga y compañera Alfmega Marín.

 No pretendo ser moralista
Como siempre digo, bastante tengo con ordenar mi caos pero no cierro los ojos ni me tapo los oídos, escribo lo que siento y toco la vida



Lloro y río
Vivo
Vibro

Esa es mi reivindicación y mi valentía
Espero, de corazón que os llegue y os guste

Este es mi hijo, mejor o peor, le quiero y os lo muestro. 
Ahora lo comparto con vosotros



Que crezca con salud, siga su camino entre todos los libros de este mundo y entre todas las palabras que creamos y leemos

Para quienes esteís interesados en adquirir alguno de los libros, podréis hacerlo a través de la web de la editorial:
http://www.librosmablaz.com/index.php?page=catalog&pw=1&bq=las%20heridas%20del%20silencio
En Amazón:
http://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_noss?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&url=search-alias%3Daps&field-keywords=amparo+mu%C3%B1oz+rocha
O encargándolo en El Corte Inglés o La Casa del Libro.
Gracias a todos

Buen viaje a todos amigos


viernes, 27 de septiembre de 2013

SILENCIO


El silencio es tan denso
Mis inviernos son tan largos

El sol calienta tan poco
Me quedo con las manos vacías 
Intentando tocar tu halo
Soy resplandor que huye confundido en la oscuridad

Sigo esforzándome. Sigo intentado. Sigo
Más así no
Saliendo de este enredo tenebroso en que me lío
Aquí me quedo
Esperando aprender a escuchar
A ser escuchada
Soñando entender
Ser entendida
Anhelando razones
Sin razones
Sigo intentando decir quien soy
Y no ser quien quieren que sea
Me llevo mis restos para esconderlos esta noche
Cuando todos duerman
Es cuando todo tiene sentido
Y siento
Más así no
Estoy despierta
No he dormido
Tengo calor, tengo frío
Mi temperatura varía en base a los grados de amor que percibo y que recibo
Ausencias reales que me vacían
Ausencias irreales que me llenan
Adelante
Recta o curva
Y quiero bañarme en el río
Quiero conquistar el Nilo
Quiero buscar caracoles
Los últimos me los he comido
Coger setas en el campo
Y reírme a mi capricho
Así sí
Así lo he decidido
De este silencio ingrato
Huyo
No quiero su castigo

lunes, 6 de mayo de 2013

TRES SEGUNDOS




Tres segundos y me lanzo
Directa a tus brazos
Tres segundos y te cuento
Que escucho pájaros piando en mi cabeza,
Que baila la loba hambrienta y se acerca sin que la sientas

Que me enamoré de ti,
!Fíjate que sutilieza!
Que sin quererlo te querí
!Fíjate que loca idea!

Que se me grabó tu olor,
Reñido con azaleas
Y me invadió tu dulzor,
Abriendo esas puertas oscuras

Que hoy tu luz y tu calor,
Conmigo, aquí se quedan
Y hasta que te vuela  a ver,
Me dejas tu gran grandeza

Tú inmenso corazón
Esa fue tu promesa

jueves, 21 de marzo de 2013

OLAS



Bailan las olas
La luna refleja
estallan burbujas,
burbujas secretas

Crecen silencios
mudos,sombríos,
disuelven las dudas
espíritu encendido