jueves, 13 de septiembre de 2018

CARTAS A ROMA XIV.- AMOR ETERNO


Mi apreciada Savia:

Bien sabes que soy hombre de pocas palabras y menos gestos
Te diría que fui, soy y seré un soldado.
Me contestarías que un guerrero no tiene miedo a la lucha
Puede que tuvieras razón
Puede que tema más a la vida que a la muerte



 ¿Sentirse vivo?
¿Qué es eso?
¿La adrenalina que siento al entrar en combate?
¿Esa energía que me hace sentir inmortal cada vez que blando mi espada?
¿El olor de la sangre en el campo de batalla?
¿Ese letargo donde mis sentimientos duermen y aspiro a no sentir?
Conozco tan bien vuestras respuestas...

Ylena me diría que estar vivo es sentir y dejaría ahí uno de sus eternos silencios, los que acompañan a sus frases cruciales. Esa densidad que parece flotar en el aire esperando a que las respires. Y cuando al fin, la inhalas, sientes. 
Dolorosamente.
¿Puede que por eso la evitara?
Ha sido la tentación más grande 
Nunca me sentí tan atraído...

Tú dirías que la vida consiste en comer, dormir y hacer el amor. 
Placeres y evitar conflictos. 
Buscar tranquilidad.
 En ti, siempre me pesó la incongruencia. 
Creo que no aceptas tu Naturaleza, mi amada hermana. 
No podemos negar esa parte de nosotros que nos inclina hacia la guerra. 
Nacimos así. 
Entiendo que, tras tus experiencias, desees compartir tus días con mi amigo Plubio. 
Alguna vez recibo alguna carta suya. 
No se extiende demasiado. 
Me cuenta que además de ayudarle con la medicina y documentar sus estudios, aprendes lucha y que eres una aventajada alumna. Me alegro que tus días sean serenos. Espero y deseo que pronto podrías cumplir vuestro deseo de estableceros cerca de Ylena. Vuestra compañía os hacía aun mejores a los dos. Siempre os complementasteis de una forma natural, aunque extraña para mi, lo confieso.
No llegué a entender vuestra complicidad no habiendo amor entre vosotras. Sentí envidia de vuestra relación, de ser ese vértice del triángulo al que no parecíais llegar ninguna de las dos.

No os culpo.
Fui y soy un hombre ausente
No creo que me sirva de escusa, para haber perdido tantas cosas como he perdido
He estado tan centrado en no perder vidas, que he perdido la mía
No es una lamentación. 
Constato un hecho con mi pragmatismo habitual.



En mi defensa, si que puedo argumentar, que para ser tan buen estratega nunca tuve un plan establecido.
Me hice responsable de mis hombre, no me hicieron, y aquí notarás la influencia que Ylena ha marcado en mí.
Ella lo ha marcado todo.
Soy quien ella amó, supongo. 
Me he convertido en quien no podría amar.
Lo sé, vuelvo a caer en el victimismo.
Suena a lamento.
Más así me siento. Responsable hasta el infinito, responsable cansadamente, eternamente condenado.
Soy responsable, no sólo del destino de mis hombres sino del destino de las tres mujeres a las que he amado y defraudado
Se que os he causado dolor a todas y no tengo modo de ponerle fin
En su ultima carta Ylena me decía que no pensaba, que no podía, después me habló de la sequía de su pueblo. Ambos sabemos que responde a la sequía de su corazón. Es una mujer sagrada.
Sus misivas se instalaron como maldiciones en mi cabeza.
Su  voz me susurra, llega con esa cadencia con las que dejaba caer las palabras, suave como una brisa pero siempre firme. !Tan seria!

No creo que sea consciente de lo que es amar a alguien tan perfecto, tan grande. 
No es consciente porqué se ve a si misma pequeña, diminuta para la grandeza de lo que ve fuera de nosotros. Esos humanos que caminamos mirándonos el ombligo..
Habrás de estar de acuerdo conmigo, en que el miedo a defraudarla es una gran losa. Pese a que jamás nos hayas juzgado. Su dualidad, ya sabes.



Que pocas veces la escuche reir y cuanto adoré esa risa
Muero de pensar que habrá alguien a estas alturas que la haga sonreir
Que le provoque ese brillo en los ojos que yo nunca le di
Sólo brillaron por lágrimas
Lágrimas por mi
Y pese a las heridas que he causado, ésta me tortura
No puedo explicarte porqué la temí tanto. 
No fue su naturaleza del todo inusual.
Esa conexión, que no podemos negar ni lo más incrédulos, entre este mundo y el otro.
Creí que necesitaría un hombre mucho mas espiritual que yo para compartir su mundo.
 Me espantaba esa concentración de energías que conviven en su grácil cuerpo tanto como me atraían.
Tiemblo de deseo ahora más que antes.
Yo, el romano, que tantas mujeres podría tener nunca tuve valor de estar con la mujer que amé y que amo.
Me prometió amor eterno pero me juró que se iría con quien le diera el amor que deseaba recibir.
Tuve la sensación de que ya sabía lo que iba a ocurrir, que me esperaba por pura obstinación, por ese instinto que le hace negarse a aceptar el destino. Su hermosa rebelión. Su afán de cambiar lo que la rodea ,de mejorarlo.

Mi matrimonio con Helena me marcó mucho.
Nunca estuve y dejé que se marchitara lo que teníamos.
No entendí que en nuestra unión nunca hubo un amor fuerte, sólido, sino más bien un pacto entre amigos de infancia que deciden seguir lo esperado.
No esperé que me dejara y menos aún, que me dejara por carta y con tantos reproches.
Decidí evitar otro compromisos.

Ahora he tardado un año en aparecer.
Te preguntarás porqué te escribo de nuevo y porqué a ti.
Creo que es justo que sepas que hubo momentos en que me planteé también pedirte que vinieras conmigo.
En cierto modo también te amé a ti. Tus cartas, tus enfados, tus reproches, tu fidelidad y tu coraje, hicieron que el amor y la admiración caminaran juntos. 
Pienso que te defraudé doblemente. 
Lo hice al no pedirte estar juntos, cosa que evidentemente hubiera dependido de ti, no parto de la insensatez de creer que me hubieras aceptado ni siquiera de que me amaras.
Y volví a defraudarte de nuevo, cuando me negué a tener relación con Ylena.
Hace un mes tuve un sueño.
Pude verla, olerla, escucharla. Reía mientras recogía sus plantas y a su lado caminaba un hombre que no conocía. Su cabello rubio y su piel blanca, me hicieron pensar en algún nórdico. Él le sujetaba el canasto y la besaba cada vez que ella soltaba un ramillete.
Fueron muchos ramilletes y muchos besos...
Hasta en mi sueño luchaba por despertar. No quería ver estas escenas. 
Así fue como supe que ya había pasado.
La había perdido definitivamente.
Había encontrado al hombre que esperaba.
Ahora  me siento liberado. 
Triste pero libre.
Y por ello decidí escribirte de nuevo.
Quiero pedirte que le digas que lo se y que quiero que sea inmensamente feliz.
Que lo acepto.
Y que lo lamento....
Quizás así, consiga algo de paz por fin en esta vida de lucha.
Sea querida Savia
Sea que las tres mujeres que amé, encontrasteis hombres que supieran estar al lado de tan grandes féminas.
Sea que ellos disfruten de lo que yo no osé conquistar.
Sed felices ambas
Vuestro humilde servidor.
Vuestro romano, por siempre.


No busques en otro lo que falta en ti

2 comentarios:

  1. Una gran carta, hace mucho tiempo que no entraba en los blogs, estoy retomando mis blogs y visitando los blogs amigos a sido un placer leerte. Saludos feliz día.

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    1. Gracias Gladys. Es un placer encontrarte de nuevo y aprovecho para enviarte un fuerte abrazo compañera.

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