martes, 8 de agosto de 2017

EL TEDIO



Ambos se concentran en la carta.

Él le pregunta si le gusta el vino a lo que ella responde, que le gusta casi todo. 



Alberto siente otra punzada de deseo. Cada vez que ella habla se siente provocado, inducido, atrapado en esa red, deseando besar esos labios que se mueven tan despacio, tan dulcemente.


Para romper la tensión, le cuenta que está de visita por negocios, que precisamente esa tarde ha cerrado un buen trato, que al día siguiente vuelve a casa. 

Ella escucha sin interrumpir, mientras come. No deja de mirarle a los ojos y él se siente cómodo en ellos. Más grande, más fuerte.




-Lo siento. He monopolizado la conversación. No sé nada sobre ti –le dice Alberto para intentar que ella le cuente. Siente curiosidad además de esa pasión expectante que le hormiguea por el cuerpo.

-No lo sientes –le sorprende ella-. Y no me importa. Esta es una noche especial. Estás feliz porqué tu empresa acaba de tener éxito con tu acuerdo. Yo, por mi parte, sólo te diré que estoy de vacaciones y a la vez, busco trabajo y decido si me interesa vivir aquí o quedarme donde estoy. Soy de madre inglesa y padre alemán, así que hablo varios idiomas. Pensé que en la isla no me costaría encontrar trabajo con mis conocimientos de idiomas y me vine a investigar. Así que yo también estoy feliz, porqué es la primera vez que cojo las riendas de mi vida y hago algo atrevido. Me siento osada y me gusta tu compañía. Una noche. Sólo eso. ¿Si estás de acuerdo?

-¿Me estás ofreciendo lo que creo que me ofreces? –No quiero parecer estúpido pero no estoy acostumbrado a estas situaciones.

-¿A qué situaciones? –Responde ella con las cejas levantadas-. ¿A que una mujer te diga que te desea?

-A esas tampoco –ríe él.

Malena ríe Alberto se sorprende del cosquilleo que siente en el estómago, ¿esas son las famosas mariposas?

-Me aburren las tonterías –le provoca insolente ella-. Prefiero las cosas directas. Diría que estás casado…

-¿Cansado o casado? –bromea él.

-Ingenioso –murmura la mujer manteniéndole la mirada.



La palabra queda suspendida en el aire.

Alberto está más desconcertado si cabe. No le apetece explicarle su situación. Suena convencional. 

-Me casé con mi novia de toda la vida del instituto, seguí con la empresa familiar, tengo un par de hijos, un perro, un buen coche y un apartamento en la costa. Pero, me encuentro vacío, insatisfecho, sólo eso. Y no debería de quejarme, así que añade culpable a la lista. Muy típico, ¿no crees? –se oye decir.

-Muy típico –asiente Malena-. Acabemos de cenar y tendrás tu noche fantástica. Muy típica también. La de dos desconocidos que se encuentran y al día siguiente se separan y vuelven a sus típicas vidas. Sólo te pido una cosa, que no me disfraces la historia con más tópicos. No necesito oír lo hermosa que soy, lo bien que te hago sentir, ni que nos volvamos a ver.

-Quizás yo si lo necesite.

-¿Decirlo o hacerlo? –pregunta curiosa por primera vez.

-Ambas –responde misterioso.

-Entonces no soy la mujer que buscas. Decide. Tienes tiempo sólo voy por el primer plato...






Quizás, sólo quizás
Todo puede ser más fácil
Do easy

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