miércoles, 17 de febrero de 2016

PRÓLOGO DE CALMA Y TEMPESTAD POR JAVIER BARBA GARZÓN


Hay muchas maneras de querer y de agradecer

Yo, con la humildad que intento vivir y crecer, procuro lo que llamo, el Buen Amor.
Intento no ser egoísta, dar libertad y dejar que los que amo vuelen y amen.
A veces, tomas contacto con personas especiales, casi mágicas, que saben amar.

Una vez intenté escribir una poesía para mi amigo Javier, entonces casi lo había empezado a conocer y ya no me alcanzaban las palabras.

A través de los años, me ha enseñado que no estoy sola, no porqué los demás no estéis, sino porqué él sabe exactamente cuando lo estoy y necesito que me diga que está ahí, lejano en distancia, cercano en el entendimiento mutuo, en no juzgar y en el músculo que mueve más que mi mente y mi cuerpo, en mi corazón.

Javier escribió para mi este prólogo, yo le digo que es lo más bonito del libro, y él que exagero. nunca no pondremos de acuerdo en eso, pero si en lo mucho que significa nuestra amistad en nuestras vidas.

Gracias profe. sabes que te quiero.
Y sin más, os dejo disfrutar de sus letras sobre mi libro Calma y Tempestad
No porqué habla bien de mi y mi libro, no por ego u orgullo, sino porqué a través de este prólogo, podréis conocerle más a él y su maravillosa forma de escribir y es una de esas cosas, que os aseguro que valen la pena.





PRÓLOGO DE CALMA Y TEMPESTAD POR JAVIER BARBA GARZÓN


Conocí a Amparo Muñoz Rocha una mañana de marzo de hace ya casi tres años gracias al milagro de la virtualidad y a su (nuestra) voluntad de establecer lazos entre personas que creían (creen) en la poesía como una forma de derrochar vida, de compartir sentimientos y sensaciones que no le caben dentro de tan poderosos, de tan ávidos de inmortalizarse, muy a pesar de que ella sabe, cree, afirma, que la vida va más allá de nuestra biografía. En mi caso buscaba a alguien que descifrara mis complejidades, y ella me abrió los brazos y los ojos desde el ángulo menos obtuso de la comprensión humana: la simplicidad, el retorno a la esencia más primitiva del ser humano. No habría podido hacerlo de diferente modo. Así es su poesía, un retorno, una metamorfosis, casi, a lo esencial.

De esta manera conocí a la poetisa, sin menospreciar claro, a la narradora que sobradamente demuestra con Nina y sus pequeños relatos. Pero conocer a la poetisa, es llegar a la esencia misma de lo que ella busca con la poesía: reducirse a la mínima expresión para comprenderse y ser comprendida, mostrar su yo más intenso reducido a unos versos hermosos: ésa es la poetisa, así en femenino, con toda la carga de femineidad (no feminista) que pueda acarrear la elección del término, porque en la poetisa reside la Verdad, y la Verdad está en La Naturaleza, porque a La Tierra pertenecemos y a ella volveremos, a esa Tierra Madre a la que le debe todo, y con la que se funde en sus múltiples huidas del ser humano, convirtiéndose en ave, roca, charco, qué importa, ella es un todo dividido en mínimos fragmentos de los cuatro elementos, y a Ella, la Tierra Madre, a veces como humana, le rinde respeto por todo lo que le debe, o entona un mea culpa en nombre de todos nosotros, por apretarle el cinturón hasta ahogarla, ¿y qué sería de la poetisa con una Tierra ahogada si no pudiera volver a Ella?

Y aun así el tema por excelencia de la poesía de Amparo no es la Tierra, ni los cuatro elementos, sino el amor. El amor es su experiencia casi intangible en esta vida suya tangible. De esta experiencia a veces sale herida, a veces gloriosa vencedora, siempre reivindicándose, para volver siempre al origen, a un vientre en femenino, donde siempre habita el origen de las cosas. El amor en todas sus expresiones se nos presenta abstracto, como carente de forma, y en la poesía misma, asistimos al acto de vestirlo, de darle forma y colores, como en un retorno a esa imagen suya en la que la vemos de espalda, pintando a brochazos rápidos ese amor que se le ha metido en algún recoveco de su cuerpo, y ahora su misiva es concretarlo: qué es, cómo es, a qué sabe, a jugo de moras, a vino, a savia, la poetisa es árbol que se adentra en las raíces de la inmortalidad, y que se autoalimenta con esa savia tan natural, repartida a través de sus vasos liberianos que tienen la forma de un poema. La poetisa se siente atrapada ante un tú que no siempre la ama como debe amarla, y se queda atrapada en un espacio artificial: me cae el aceite hirviendo, resbala por las paredes de tu fortaleza. El amor contrapuesto: yo frente al olvidaste buscarme. El amor mal entendido desde el principio: lo primero que me enseñaste fue a anhelarte. El amor nuevo, casi de adolescente que urge y desespera: a ti, sí, ahora, hoy, ya. El amor que primero ilusiona, luego miente, decepciona hasta convertirla en una diminuta mancha, la arruga de una prenda que se queda despierta, con los ojos muy abiertos hasta que le salgan alas y retome el vuelo, su siguiente viaje que la vuelva a llevar, por supuesto y siempre, a La Tierra, al origen. El amor que animaliza, casi siempre en un ave que le permita ver los desamores con distancia, y la objetividad que el mundo le permita.

Saboréala, tócala, mírala, escucha cómo canta, huele ese perfume tan de mujer y tan de tierra, porque ésa es su poesía: un vuelo rápido e intenso por lo tangible para explicar la experiencia de vivir, un desesperado vuelo de paracaidista que intenta dejar huella en esta vida, consciente de que allá en la otra, cambiarán las reglas del juego. Su huella no será una hazaña, ni un viaje a la luna, su huella será el lazo con los demás seres humanos, la mano que te tiende, el abrazo que te ofrece, su desesperado intento de decirse no estoy sola, somos más, su convencimiento siempre de que no estás solo, estás con Ella.



4 comentarios:

  1. Maravilloso prólogo que he disfrutado profundamente tal como sé que haré con Calma y Tempestad, esas dos caras de esta moneda que es la vida que nos deletreas, mi querida Amparo...Un gran suceso este libro para mi, una gran sorpresa y un regalo de enorme valor que atesoro y disfruto, porque lo vierte un alma grande y pura como la tuya, mi querida, generosa y escepcional amiga. GRacias!!

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    1. Gracias ángel. Soy una mujer afortunada que ha tenido el lujo de tener unos prólogos en mis libros de dos grandes artistas que además sois mis amigos. Te quiero mucho ángel. Besitos

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  2. Buenos días, a veces (siempre)creo que me sobrevaloras como persona, y más escribiendo (ni siquiera me considero escritor, sólo profe, jeje), pero entiendo tus palabras porque no es la persona en sí la que se valora sino los sentimientos que despierta, y estoy contento de haberte conocido y que de alguna manera nos hayamos apoyado en un trabajo, el de escribir, que ni es económico, ni nos va a sacar de nada en nuestra vida diaria, sino que es simplemente sentimiento, el que tú plasmas en poemas, y el que yo voy haciendo en mis trabajillos. Es hermoso sentirse así de acompañado y más saber que te entienden a la perfección. Por eso y por mil razones más GRACIAS.
    En cuanto al prólogo, gracias Alfmega, y si lees esto has de saber que me leí el tuyo varias veces para intentar estar a la altura, porque el tuyo lo bordaste. Ya conocía muchos de los poemas del libro, y no me costó nada hablar de ellos en conjunto.
    Por supuesto, y sin intención de seguir con el debate, jeje, lo mejor del libro son los poemas, sin ellos no hay prólogo, desde el primero al último, si alguien te quiere conocer Amparo, más allá de la piel, te hallará ahí dentro. Esto último es quizás el mayor premio de un libro. Besos.

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    1. A veces, siempre, creo que no sabes apreciarte en tu justa medida, y !mira quien te lo dice!, son muchos los motivos por los que te quiero y te admiro, y desde luego esa es otra de las causas y características, tu humildad. muchos besitos y miles de gracias

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